Una experiencia en el Banesco del Sambil (y en twitter)

A las agencias bancarias se entra rezando. Años de esperas y trabas nos han acostumbrado a confiar en la intervención divina —incluso si no eres creyente— cuando de un trámite bancario se trata. Hoy fui a la agencia de Banesco en el Sambil y dejé mis esperanzas afuera, como aconseja el buen Dante. Tomé mi ticket y apenas en cinco minutos fui llamado a la oficina identificada con el número 11. Me acerqué y allí fui atendido por Liseth, la promotora. Mi caso no era difícil, sin embargo, su solución requería de la voluntad de solucionarlo —ya sabemos que no todos los servidores poseen esa voluntad—. Liseth atendió diligentemente la situación y en 10 minutos había resuelto el problema de forma eficiente y correcta.

El servicio, público o privado, necesita retroalimentación. Callar no es una opción ante el mal o el buen servicio. Hay que reconocer cuando algo se hace bien, y hacer conocer cuando algo se hace mal. Es lo que llamaba Albert Hirschman, “la voz y la lealtad”. Decidí entonces hacer pública mi satisfacción con el servicio ofrecido y decidí escribir un tuit en el que copié a la cuenta de twitter del banco (@banesco) y la de su Presidente (@jescotet):

“Excelente servicio ofrecido en la agencia de @banesco del Sambil por @lisethreyes (cc. @jescotet)”

A los pocos minutos tanto @banesco como @jescotet habían comentado el tuit. Hoy una empleada del banco fue eficiente y gracias a las redes sociales, su empleador —el banco— incluyendo su presidente, conoció de su buen desempeño. Las redes sociales han transformado la forma como los clientes se comunican con las organizaciones y como manejan su relación  con el cliente —ni hablar del branding—. Esperemos que cada vez haga menos falta rezar y encomendarse a los santos cuando se requiera un buen servicio. Quizá en el futuro, más bien, debamos a agradecer a las redes sociales por los favores recibidos.

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2 respuestas a Una experiencia en el Banesco del Sambil (y en twitter)

  1. Buenísimo Angel! Se me ocurre que los ciudadanos podrían hacer lo mismo con los juzgados. Esto incentiva a los órganos judiciales a ser más responsables de su desempeño porque tienen que rendir cuentas. En muchos países la estadística judicial es precaria o inexistente, con lo cual, los ciudadanos estarían colaborando en la “producción” de información, lo que acabaría con la opacidad bajo la cual se amparan muchos juzgados ineficientes.

  2. Así es Virginia, lo que propones es interesante. Es una manera de rendir cuentas, como dices. Por lo pronto, en este mundo de información asimétrica, me parece una buena práctica reconocer cuando se presta un mal o un buen servicio. Saludos!

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