Dos libros para regalar el día del padre

El mejor regalo que se le puede dar a un padre nunca lo podrá ver. Es esa sonrisa indefinible que aparece en el rostro de un hijo cada vez que lo recuerda. A veces es una palabra, o una imagen o una canción, o a veces el recuerdo parece venir de la nada. Recientemente he leído dos libros en los que he visto esa sonrisa y se me ocurre que pueden servir de regalo, no sólo a un padre, sino a cualquiera que aspire a serlo.

En Mis barajitas, crónicas del béisbol, Mari Montes describe episodios memorables de un deporte que se ha convertido, para muchos, en una metáfora de la vida. La galería de personajes que allí son retratados y sus anécdotas pertenecen a un salón de la fama paralelo que no se encuentra en Cooperstown sino en la memoria emocional de Mari y que es compartido por los fanáticos del béisbol. Para los que disfrutan ese deporte, es un libro imprescindible. Pero debo advertir que en sus páginas se encuentra una trampa: aunque en Mis barajitas desfilan personajes como Carrasquel, Jackie Robinson, Galarraga, Vizquel, Rose y otros eximios jugadores, el verdadero protagonista es Pedro Montes, el padre de Mari y el libro, casi sin darnos cuenta, narra la extraordinaria relación que puede establecerse entre un padre y su hija cuando se comparte una pasión. ¿Y ya no es una gran satisfacción para un padre que su hijo tenga una pasión que le permita disfrutar la vida?

En El olvido que seremos, Héctor Abad Faciolince narra su vida en paralelo a la de su padre en el marco de una sociedad en conflicto. ¿O realmente narra la vida de su padre en paralelo a la suya? La respuesta se la dejo al lector. Sólo me limito a decir que Abad narra de forma maravillosa y aleccionadora la relación con su padre, Héctor Abad Gómez, un hombre de principios que vivió y murió como miles de ciudadanos colombianos en una sociedad que sigue luchando por encontrar la paz. La relación entre Abad padre y Abad hijo es descrita de una forma que inevitablemente produce un permanente nudo en la garganta, pero más importante aún, provoca en el lector el deseo de ser un mejor padre y también un mejor hijo.

***

Por último, dejo aquí un regalo. La primera vez que leí La Divina Comedia, encontré allí un pasaje que para mí define el gran momento de la paternidad. Ese momento en el que el padre deja al hijo irse sabiendo que ha hecho un buen trabajo. Una vez que Virgilio le ha mostrado el infierno y el purgatorio a Dante, que le ha mostrado las consecuencias del bien y el mal, cuenta Dante lo que le dijo su guía:

“…en mí fijó Virgilio los ojos

y dijo: el fuego temporal y el eterno
has visto, hijo; y has llegado a la parte
donde yo por mí más allá no entiendo.

Te he conducido con arte y destreza;
tu voluntad ahora es ya tu guía:;
fuera estás de las rudas vías, fuera de las estrechas.

Mira el Sol que en la frente resplandece;
mira las hierbas, las flores y las frondas
que aquí la tierra por sí sola produce.

Hasta que alegres lleguen esos ojos
que llorando me hicieron ir a ti,
puedes sentarte, o puedes ir tras ellas.

No aguardes mis palabras ni tampoco mis gestos;
libre, recto y sano es tu arbitrio,
y sería errado no obrar a su mando:
y por esto te mitro y te corono.

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Una respuesta a Dos libros para regalar el día del padre

  1. Jorge Supelano dijo:

    Muy bueno. Cuando mi hermana se graduó de Ingeniero Electrónico en la USB, mi papá abrazó a mi mamá durante el acto de grado y le dijo “Ya cumplimos”. Ese momento me quedó grabado en la mente…

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